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3. EL MAR NO
ES UN CENICERO

3.3. DEL MAR AL AGUA DEL GRIFO

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3.3.1 LA CONTAMINACIÓN SE DILUYE, NO DESAPARECE

Diversos estudios ambientales señalan que una sola colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua debido a la liberación de sustancias tóxicas. Además, algunas investigaciones amplían exponencialmente esta cifra en función del tipo de agua y las condiciones ambientales, lo que refleja su elevado potencial contaminante, incluso en pequeñas cantidades. 

En Lanzarote y La Graciosa, que dependen de la desalación para su abastecimiento, el mar es mucho más que un ecosistema o un paisaje: es también el origen del agua que llega a hogares, comercios y servicios públicos. 

Cuanta mayor contaminación recibe el agua captada para la desalación, más complejos son los procesos necesarios para su tratamiento y depuración. 

3.3.2.  ¿CÓMO AFECTAN LAS COLILLAS A LA DESALACIÓN?

En las plantas desaladoras, el agua de mar se somete a procesos de filtración y separación de sales y otras impurezas mediante membranas semipermeables. Estas membranas son muy sensibles a la obstrucción y deben mantenerse en condiciones óptimas para garantizar su funcionamiento. 

Según advierte Consorcio del Agua de Lanzarote, los filtros de los cigarrillos y las sustancias químicas que liberan pueden interferir en este proceso. Estas partículas pueden adherirse a las membranas de filtración, reduciendo su eficacia y disminuyendo el rendimiento de la producción de agua.  

Además, también pueden provocar obstrucciones en los sistemas de captación de agua de mar, lo que incrementa las tareas de mantenimiento y afecta a la eficiencia de las plantas. 

3.3.3. IMPACTO EN EL SISTEMA DE DEPURACIÓN

El mar no es el único destino de las colillas que se arrojan al suelo. Algunas caen directamente en alcantarillas o son arrastradas hasta ellas por la lluvia o el viento, entrando en la red de tratamiento de aguas residuales y llegando a estaciones de bombeo y plantas depuradoras.  

Como tardan años en descomponerse, allí se amalgaman con otros residuos, como toallitas húmedas y bastoncillos para los oídos, generando graves atascos en el funcionamiento de las instalaciones. En episodios de lluvia intensa, esta acumulación dificulta el tratamiento normal del agua residual, provocando colapsos en el sistema. 

Aunque los servicios de mantenimiento tratan de retirar estos residuos, su presencia continuada supone una presión añadida sobre infraestructuras esenciales para el ciclo urbano del agua. 

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En una isla que depende directamente del mar para obtener agua potable, evitar este tipo de contaminación es también una forma de proteger un recurso básico y limitado. 

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